Senegalesas

Los freseros no están contentos con las senegalesas: que no se han adaptado, dicen, y que algunas incluso se han escapado. No sé exactamente qué significa no adaptarse (¿han acusado la dureza del trabajo, o la dificultad del idioma? ¿Qué hubiéramos hecho nosotros?); pero lo de abandonar el trabajo –es mejor que decir “escaparse”- no es nuevo en los campos de fresas. Se está haciendo un gran esfuerzo con la contratación en origen, pero el abismo de la desigualdad sigue dando vértigo. Y algunos trabajadores extranjeros, que no aceptarían trabajar en la fresa si pudieran elegir, como no aceptan muchos españoles, aprovechan su oportunidad para saltar al vacío. No, no es nuevo, como tampoco es nueva la cata de nacionalidades a la que nos estamos acostumbrando en Huelva: ahora las polacas ya no funcionan, mejor rumanas, pero si vienen varios años seguidos empiezan a hacer reivindicaciones, así que traemos ucranianas, y si no volvemos a las marroquíes, eso sí, que tengan cargas familiares, que así no se “escapan”. Podemos elegir, la amplia geografía del subdesarrollo nos lo permite. Ellas, las senegalesas, sólo pueden elegir escaparse.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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