Sin humos

Hoy es el Día Mundial sin Tabaco. Los medios de comunicación aprovecharán la ocasión para hablarnos de lo malo que es fumar, de las enfermedades que acarrea el mal hábito de echar humos. Las autoridades nos recordarán la ley que convierte a los fumadores en proscritos, en asesinos potenciales, que obligan a los demás a tragar el humo de sus cigarrillos, con el peligro que eso trae. Soy uno de los miles de fumadores que sale cinco minutos de su puesto de trabajo para fumar al aire libre. Cada vez que lo hago tengo una sensación de culpabilidad innecesaria. En la puerta de mi centro de trabajo me siento como una especie rara a la que todo el mundo mira. Cuando voy a algún bar, ando como loco buscando el cartel que me permita fumar, mientras me tomo una cerveza con tapas. Claro que quiero dejarlo, claro que sé los riesgos que acarrea, claro que cuido que los que están a mi alrededor no aspiren el humo que yo echo, pero la Ley no me está ayudando a dejarlo, porque la motivación de la prohibición no me llega, ni tampoco me vale que me repitan una y otra vez lo imbécil que soy. Hoy es un día sin humos y yo volveré a salir a fumar fuera para que nadie me acuse ni me criminalice, y lo que es peor, seguiré sintiéndome un bicho raro, y sin conciencia.

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Dimas Haba

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