Sin salir de la cocina

Dentro de la nevera algunos platos con restos navideños. Fuera, cogido con un imán a la puerta, un papel con la dieta que habrá que comenzar cuanto antes. El fregadero con algunos vasos sucios. Un calendario sustituye a otro, un año más, otro Enero, nuevos proyectos que se cumplirán o no, algo más de cansancio en los huesos. En la radio ya no suenan villancicos, y se anuncian las rebajas de Enero: de locura en locura, y consumo porque me toca. Sin solución de continuidad. En la mesa, junto a la taza humeante de café, un libro regalado y dedicado, que se amontonará junto a otros libros por leer: demasiada prisa para no tener nunca tiempo para lo importante. Pero Luisa está feliz en su cocinita de piso de soltera: el nuevo calendario recién colgado (con la propaganda del banco que le hizo la hipoteca) le recuerda que la vida está justo delante, que ella sigue siendo soberana de las decisiones de mañana, que le quedan cosas por estrenar, sensaciones inéditas, vida pendiente. En la radio empieza el boletín de noticias y se apresura a apagarla: hoy no. Luisa apura su café y sonríe. Es feliz.

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Gonzalo Revilla

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