Sobra el optimismo

Más de cinco millones de personas inscritas como demandantes de empleo o una tasa de desempleo juvenil del 57%, ¿y aún así hay que tener una mirada optimista? Con optimismo sólo se muere más alegremente, no se cambia la realidad, es con trabajo y valentía como conseguiremos revertir esta situación. Hay que crear empleo y es cosa de todos, urge el compromiso y el trabajo en espacios de transformación colectiva, y también el compromiso y el testimonio de cada uno en su vida personal.

Los frentes más urgentes para la clase trabajadora española son, a mi juicio, derribar la última reforma laboral y situar al empleo como un derecho básico y urgente. Si somos capaces de poner en cuarentena una población ante el riesgo de una epidemia, deberíamos ser capaces de exigir la creación de empleo a cualquier ciudadano, empresa o institución con capacidad suficiente para hacerlo. La reinversión obligatoria de beneficios en puestos de trabajo, la disminución y reparto de las jornadas laboral o la sustitución de horas extras y dobles ocupaciones por nuevos contratos, dejan de ser propuestas “peligrosamente rojas” para convertirse en salidas de urgencia. Por otro lado, hay que diversificar nuestro mercado laboral; tampoco faltan las propuestas, falta el interés: el desarrollo de las energías renovables y la promoción de la rehabilitación energética; priorizar los mercados de proximidad a través de la disminución de tasas a productos locales o regionales; promover las cooperativas de transformación en los lugares de recolección o pesca. Son ejemplos de creación de miles de puestos de trabajo.

Y también podemos generar empleo desde el zaguán de nuestra casa, desde nuestros espacios personales. Ser conscientes de nuestra fortaleza como consumidores y ciudadanos es un descubrimiento imprescindible, y desde ahí podemos ser cauces de información, de preocupación, de mediación, en definitiva, entre familias inundadas de desempleo y el resto de la sociedad. En nuestras pequeñas empresas podemos exportar el eslogan de o nos salvamos todos o ninguno. En nuestras pequeñas transacciones debemos huir del empleo irregular, del chapuz que no paga impuestos. Podemos invertir en aquellas iniciativas económicas que van generando nuevas oportunidades para los que menos tienen: cooperativas, banca ética, monedas sociales, comercio justo, etc. En definitiva, sobra el optimismo recurrente, falta el trabajo.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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