Soledad

Cuando por las mañanas pone los pies en el suelo siente un gran alivio. Una de las cosas que más miedo le da del hecho de vivir sola es precisamente pensar que un día llegue el momento en el que sea incapaz de levantarse por la mañana y no tener a nadie a quien pedir auxilio. Lleva razonablemente bien la organización de la casa, incluso, desde que enviudó, se le hacen más llevaderas las tareas: menos comida, menos suciedad, menos ropa que limpiar… porque en eso, aunque adoraba a su marido, no es que recibiera mucha ayuda. También reconoce que es cómodo no tener que ponerse de acuerdo con nadie a la hora de elegir qué programa de televisión va a ver. Pero ese miedo y la frustración de no poder encontrar a nadie a quien contarle cualquier tontería que se le ocurra o sus reflexiones más trascendentes no los lleva nada bien.

Hoy veía una noticia en la que se reconocía en esa cifra abultada de más de tres millones de personas que vivían solas por obligación. Y es que si le quitamos a la soledad el halo romántico de la independencia o si nos olvidamos de esa acepción espiritual que le confiere misticismo al empeño de “encontrarnos con nosotros mismos” nos quedamos con una desnuda realidad de la que nos tiramos media vida huyendo. Sin embargo nos pretenden colonizar con la idea de que “estar solo está bien”: “olvídate de los problemas con los vecinos o los compañeros de piso”, “si vas a montar una empresa mejor que lo hagas solo”, “resuelve tus problemas solo, nadie te va a ayudar”… Incluso surgen cada vez más ofertas que nos invitan a viajar solos, a salir de copas solos… o que adaptan su formato a personas solas.

Nuestros hogares han cambiado, nuestras casas son más pequeñas, nos obligan a trabajar mucho más tiempo que hace cuarenta años y en nuestras apretadas agendas queda, cada vez, menos espacio para los cuidados. Desde ahí nos cuesta la misma vida adaptarnos al momento en el que llegan los niños y vivimos como un engorro tener que compartir espacio y dedicar tiempo a nuestras mayores. No se trata de que nos culpabilicemos. Esos que dicen “defender España” han impuesto un modelo de sociedad en el que el desarrollo de los valores de nuestra cultura -la solidaridad, el apoyo mutuo…- es imposible. Es demencial. Queremos que los cuidados ocupen su lugar en nuestras vidas. No queremos que Soledad, cuando se levante por la mañana tenga miedo a no poder hacerlo.

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Javier Rodríguez

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