Solidaridad compulsiva

La madre superiora que dirigía aquella residencia de ancianos no daba crédito. En la puerta un colegio entero cargaba con doscientos juguetes. “Pero si aquí solo hay ancianos”, se quejaba. “Ustedes atienden a pobres, ¿no? Tendrán que recoger esto, que los niños han traído con tanta ilusión”, le respondía uno de los maestros. Escenas como esta se repiten estos días más de lo que nos imaginamos. De pronto, alguien se acuerda de los pobres, se le ocurre que hay que recoger comida, juguetes, ropa, …, lo hace y lo envía a la primera organización que les aparece en la guía, aunque esta organización no lo necesite, aunque entorpezca su trabajo. No está mal el impulso, la idea, tampoco. Pero se podrían poner varias objeciones: ¿esta solidaridad no podría ser menos coyuntural, más de todo el año, más permanente? ¿Esta solidaridad no podría gestionarse mejor, preguntando sobre las necesidades, por ejemplo? ¿O intentando abandonar aquellos gestos que generan desigualdad o, simplemente, preguntándose sobre las causas que conducen a la pobreza? En fin, objetamos esta forma de solidaridad que es como tantas cosas en nuestra sociedad: compulsiva.

The following two tabs change content below.

Javier Rodríguez

Latest posts by Javier Rodríguez (see all)

You may also like...

Deja un comentario