Sonrisa desde Camerún

Había perdido muchas cosas por el camino, menos su sentido del humor. Fueron más de cuatro años
desde que dejó Camerún, cuatro años de viaje, de inseguridades, de miedos. Perdió a varios
compañeros de viaje, perdió muchos kilos, perdió varias veces la esperanza. Cruzó hasta Ceuta
nadando, espero otros cuantos meses para cruzar a la península, y cuando por fin creía haber llegado
se dio cuenta de que sólo había comenzado: buscar trabajo, conseguir papeles, aprender el idioma,
encontrar una vivienda, hacer amigos… y en todo ese tiempo, a pesar de todo, su sentido del humor
permaneció intacto, como un bote salvavidas en medio de la lucha, de la desesperación, de la espera
interminable. Siempre una sonrisa, una broma, un guiño a su suerte, siempre una palabra amable. Y
esa sonrisa, esa palabra amable, enseña más de la vida, de las contradicciones y los abismos, que
muchos discursos impecablemente hilvanados.

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Gonzalo Revilla

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