SOS Transporte público

UNA campaña publicitaria del Ministerio de Transportes podría decir algo así: “Si valoras tu tiempo, vivir en paz y no derrochar dinero, ¡invierte en transporte público!”. Sin embargo, muchos de nosotros parecemos estar dispuestos a renunciar a una gran cantidad de estas cosas por la comodidad de tener nuestros amados coches. Aún no somos mayoría los amantes del transporte público, pero otros estamos tentados a veces de desertar por las zancadillas que encontramos.

A ver: acercarse a las taquillas de la estación de autobuses de Huelva 35 minutos antes de la hora prevista para viajar a Sevilla ya no es garantía de poder desplazarse, existe el riesgo de quedarse en tierra. Las larguísimas colas que se forman por el insuficiente número de personas atendiendo, la venta anticipada que va haciéndose sitio y la menor oferta de autobuses hacen que las caras de tonto o de indignación sean frecuentes en nuestra estación y en la de Plaza de Armas de Sevilla. En Huelva siempre ha pivotado el transporte interurbano sobre la empresa operadora Damas -yo al menos no he conocido otra-, con lo cual entiendo que hay una corresponsabilidad entre Administración y empresa para ofrecer un servicio de la máxima calidad. Calidad que incluya los tiempos de espera, los tipos de autobuses, la disponibilidad y la accesibilidad, la disminución de costos, etc. Tampoco es trivial la cuestión de que comprar un billete en la citada operadora por internet tiene sobrecosto, algo increíble teniendo en cuenta que este invento de la telecompra está hecho precisamente para lo contrario. La constatación de esta tendencia hacia la precariedad asusta, sólo eso, pero si le sumamos la evaluación de los servicios que ofrece actualmente Emtusa, la empresa de transportes municipal, la sensación es de alarma: en las paradas de la ciudad la espera desespera, y el desánimo empuja sin quererlo al abandono, y el abandono hace que el servicio sea más fácil de precarizar.

¿Qué hacemos entonces? Quejarnos, exigiendo que el servicio sea de calidad; afiliarnos a organizaciones de consumidores, para sumar esfuerzos y afanes; inundar masivamente los autobuses urbanos e interurbanos para demostrar que es útil y necesario; escuchar y dar pábulo a las propuestas políticas que invitan a transportarnos en colectivo y a crear las condiciones necesarias, y, sobre todo, observar nuestro patrimonio colectivo para tutelar lo que es de todos.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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