#SPANISH REVOLUTION + 2

Hace dos años nació el movimiento 15-M y, huyendo de nostalgias estériles, tenemos motivos para seguir confiando en que sea el embrión de una nueva sociedad. Fue una protesta sin precedentes que clamó por un mundo diferente, que nos devolvió la {{confianza en el yo colectivo}} y le otorgó la voz a las víctimas para acusar a los culpables. Fue la advertencia de que una parte de la ciudadanía de este mundo no estaba dispuesta a dejar de soñar. El 15-M ha saltado ya de las plazas a nuestros espacios de trabajo, y ahí sigue madurando.

Con la perspectiva histórica que pueden dar dos años, es innegable el protagonismo que aquella explosión está teniendo en esta época turbulenta que nos ha tocado vivir. En la esfera de incidencia política, las reivindicaciones del 15-M no han sido eludidas por ningún partido; todo lo que se defendió en las calles en 2011 se ha visto reflejado tanto en la dialéctica como en los programas electorales. Es cierto que no tenemos una democracia más sana, ni siquiera hemos conseguido juzgar a los ladrones, pero éstos han sido señalados y ha quedado constancia de cuál es el camino a seguir. Igualmente, se ha constatado en estos años una conciencia colectiva llena de indignación y esperanza, que ha dado vigor a la lucha de los afectados por las hipotecas o a las mareas que defienden nuestro patrimonio público, por ejemplo. Además y en mi opinión, el movimiento de los indignados ha provocado un espacio económico alternativo fundamental para inducir el cambio social: monedas locales, trueque, decrecimiento como alternativa, cooperativismo, banca ética…

Quedan muchos retos pendientes, no olvido que las plazas se llenaron de jóvenes sin futuro hastiados de tanta mentira y que en estos dos años la sociedad española se ha precarizado aún más al amparo de políticas que nos crucifican. Quizás su reto más urgente sea frenar el modelo de intervención económica que nos empobrece y llenar (o tomar) el congreso de debates reales y fecundos. También echo de menos que no anime la unidad de la izquierda política, impostergable ante una Europa cada vez más conservadora, ni que persiga más sinergía con otros actores sociales establecidos, aunque todo es cuestión de tiempo.

En definitiva, tras dos años de andadura, el 15-M sigue germinando en una sociedad más empoderada, despierta, con más herramientas, pero que debe darse prisa si no quiere perderlo todo.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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