Algunos de estos trabajadores han participado en otras campañas agrícolas. Forman parte de ese contingente ignorado, casi fantasmal, que sin que nadie lo llame se junta en Valencia para la naranja, en Jaén para la aceituna o en Ciudad Real para la vendimia. Ellos, que conocen bien esas realidades, denuncian la falta de recursos que en Huelva se pone a disposición de los temporeros de la fresa, lo que provoca que terminen viviendo en asentamientos en las afueras de los pueblos.
Las condiciones de vida en los asentamientos son especialmente duras: frío, escasez de comida, falta de higiene, hacinamiento en chabolas o carpas que levantan con los medios a su alcance. Se calcula que cerca de 1000 personas están viviendo en este momento así en la provincia, en una geografía conocida pero inestable, pues se trata de evitar a toda costa que las fuerzas de seguridad les levanten los campamentos.
Porque, sin explicaciones, sin mediar palabra, la Guardia Civil acompañada de la Policía Local, se presenta algunas veces, no se sabe cuándo, ni se sabe tampoco muy bien a qué...
Nota de prensa de Cáritas Huelva
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