Me acerco con estupor a un posible retroceso en las relaciones en igualdad entre chicos y chicas en nuestras ciudades. La “crisis de la masculinidad” que muchos hombres hemos experimentado, por reacción ante el nuevo papel laboral, público y sexual conseguido por nuestras compañeras en los últimos años, ha generado hombres nuevos junto a mujeres libres. El protector- sostenedor y reproductor, ya no sirve. La cuidadora sumisa, tampoco. Pero estas nuevas nociones de género aún en construcción, no pueden sucumbir a las dificultades educativas por las que atraviesan nuestros y nuestras adolescentes. Sería un anacronismo insoportable para una sociedad que quiere parir otro marco relacional. Y hay síntomas preocupantes: violencia de género adolescente, relaciones basadas en actitudes machistas, embarazos no deseados… no nos despistemos con nuestros menores, ha costado mucho conseguirlo.
