Las Minas de Río Tinto, el Olivo o nuestro habla, han sido algunos de los iconos elegidos por los andaluces para contar qué es para nosotros patrimonio andaluz. Por supuesto las estrellas han sido la Semana Santa y la Alambra, que no suelen fallar. Pero de esta iniciativa del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, lo que más me gusta es que el elemento más repetido hemos sido los propios andaluces, las personas, por lo que para somos “puro patrimonio”: nuestras costumbres, nuestra forma de vivir, de ser, de elegir. No está mal considerar al hombre y a la mujer como lo más preciado de nuestra Andalucía, esto puede significar que hay nuevos humanistas alrededor, tan necesarios en este tiempo: que conduzcan hacia el cambio social, que abracen la vida y la defienden ante cualquier tristeza. Ahora ya sólo toca protegernos del paso de la historia, reconciliarnos y pacificarnos.