Un antiguo futbolista, Contreras, va a realizar una travesía en barco velero para buscar en el archipiélago de Trinidad y Tobago al linier que anuló un gol legal en el Mundial de Corea de 2000, lo que supuso la eliminación de la selección española y pedirle explicaciones por aquel reprobable hecho. La cosa tiene gracia pero refleja hasta donde puede llegar el esfuerzo del ser humano por algo cuando se lo propone, aunque sea una idea tan peregrina. Dicho esfuerzo choca con la pereza que nos entra cuando se trata de trabajar por el prójimo de aquí al lado, ahí las excusas y justificaciones nos ahogan. Si podemos cargar un santo en procesión durante horas o aguantar doce horas de autobús para ver un partido bajo la lluvia, ¿no debería resultar más fácil echar una mano en cualquiera de las asociaciones que tanta ayuda necesitan? El compromiso es el esfuerzo mejor recompensado, porque nunca es en vano y se gana siempre.
