El Ayuntamiento de Almonte se blindó el otro día ante las protestas de los parados del pueblo. Córdoba amanecía viernes y sábado ocupada por policías encargados de “proteger” a los ministros de exteriores de la UE. El alcalde de Huelva ya no puede transitar por las calles con tranquilidad sin que alguien le recuerde alguna trastada. La clase política parece haberse situado enfrente del pueblo que representa y el pueblo ha encontrado en sus líderes la cabeza de turco a la que culpar de la situación. Ambos yerran el tiro. Los representantes democráticos de la ciudadanía debían colocarse al lado, no en frente del pueblo que les otorga el poder. Y los ciudadanos debíamos dejar de exigir paliativos que no remedian nada y dejar de mirar a los peleles que tenemos por gobernantes como responsables de la situación. O, puestos a exigir, que dejen de ser eso, marionetas de las grandes corporaciones.
