El Consejo Audiovisual de Andalucía vuelve a señalar la alta politización de todas las televisiones, más evidente cuanto más local. Todos los partidos abusan de la cámara, que entienden como algo suyo, aunque se trate de televisiones públicas, pagadas por todos los ciudadanos. La obsesión por la imagen llega a ser irritante cuando la programación local da poco de sí. Y es que ver cómo tu alcalde planta un árbol, visita una guardería o acapara el último pleno en una especie de bucle repetitivo, mañana, tarde y noche, produce el efecto contrario al pretendido. La filia del político por la imagen muestra a las claras que es más importante lo que aparece que lo que es de verdad, dando constantemente una impresión idílica ajena a la realidad. Dejar los medios para quien tiene algo realmente interesante que contar queda aún muy lejos, sobre todo a nueve meses de otras elecciones municipales.
