Parecía imposible peatonalizar la Gran Vía. Y ahí está. Podemos ir más lejos entonces: peatonalizar las grandes arterias de la ciudad ¿Se imaginan la Avenida Andalucía sin coches, 70 metros diáfanos de ancho para pasear, montar en bici o sentarse al sol, libres de humos y ruidos? Y para desplazarse una buena red de tranvías y autobuses, o cualquier otra transporte público que se invente. Los coches a las afueras de la ciudad, los camiones y suministros en vías secundarias y horarios restringidos, la ciudad para los ciudadanos, y no para el tráfico. ¿Se imaginan? También, claro, vivir más despacio ¿a qué correr tanto?, perder velocidad para ganar calidad de vida, frenar para sentir. Puede hacerse, sólo hay que imaginarlo y ponerse manos a la obra. El coche, como medio de transporte en las ciudades, es desproporcionado y caro, medioambiental insostenible, genera ruidos y contaminación, ocupa grandes superficies inutilizadas para cualquier otro fin, y su uso abusivo lo convierte en una opción lenta y desesperante. ¿Por qué seguimos empeñados entonces en llenar las ciudades de estos armatostes? Supongo que por inercia, y por pereza mental. Imaginarlo es el primer paso.
