Estás aquí: Portada > La otra orilla > El frigorífico
El frigorífico
Lunes 13 de agosto de 2012, por Victor Rodríguez
  

Estando como estamos en pleno mes de Agosto, a priori hablar del frigorífico puede resultar hondamente tópico. Pero no se preocupe el querido lector, que no es mi intención ensalzar las propiedades enfriadoras de tan respetable electrodoméstico, en tal estival momento, sino que, me interesan otras de sus múltiples facetas. Para empezar yo pensaba que los frigoríficos acostumbraban a quedarse quietitos en su lugar, normalmente en la cocina y que, en prueba de sedentarismo, solían aparecer todo tipo de objetos debajo si, de cuando en cuando, tocaba moverlo por tareas de limpieza o mantenimiento. Sí he conocido a otros miembros de la gama blanca, como las lavadoras, que sentían curiosidad por el resto de la casa y que alguna vez se han presentado en el salón a la hora del centrifugado, con su reconocido y sonoro zizageo.

Pero es que últimamente vengo observando, con mezcla de curiosidad e inquietud, que los frigoríficos han adquirido vida propia y, cual zombies, se convierten en objetos animados, aunque ya no estén enchufados a red eléctrica alguna, y salen de sus escondites y terminan en los sitios más inverosímiles. El otro día vi uno en mitad de lo que queda de la abandonada Vía Verde del antiguo tren de Ayamonte, el sitio era recóndito e inoportuno. Pero es que también los he visto en cauces de ríos, eriales diversos, y zonas desde el mayor al mínimo interés ya sea turístico, medioambiental, histórico o artístico, en mitad de la Raya Real rociera, por poner un ejemplo. Ningún sitio se escapa a que algún capullo (con perdón), decida que allí van a reposar los restos del que un día le proporcionó tanto bienestar. El problema es que el proceso de descomposición va a durar muchos años. Y me cuesta entender que, una vez que has bajado el frigorífico de tu casa, con lo costoso que es, no lo lleves a un punto limpio, o simplemente lo dejes al lado del contenedor y llames a la compañía de recogida de residuos.

El encontrarme el otro día el frigorífico en la mita de la Vía Verde me entristeció sobremanera. No sé si sería por el cansancio del pedaleo, pero, de pronto se me vinieron a la mente negros pensamientos sobre incultura, egoísmo, dejadez, abandono, ocasiones perdidas, infraestructuras perdidas que ya no volverán, proyectos interesantes que caen en el olvido, ayuntamientos pasotas, ciudadanos condescendientes con quien hace eso y no se siente cuestionado en su obrar por nadie, etc, etc. Puede que sea desproporcionado, pero en ese frigorífico volqué, de pronto, toda la frustración y rabia que venía acumulando mi cuerpo y mente durante este año fatídico, y que ahora, sería cosa de la relajación vacacional, estaba expulsando. Al menos puedo contar con el periódico para un desahogo compartido, pensé.