Una cadena humana de casi dos mil personas hizo valer la postura ciudadana ante los casos de corrupción en Baleares. Sin consignas, sin pancartas: sólo la firmeza de los brazos aunados. Una cadena de dignidad que debería rodear España entera y proclamar la hartura de los ciudadanos frente a los rufianes, sean estos políticos o agentes de Medio Ambiente: los detalles de la trama de El Condado que han venido ahora a saberse no sólo indignan, es que dan pena. Habría que plantarse frente a los (...)