Tele infantíl

La tele hipnotiza, embauca y se ha convertido en imprescindible, será por eso por lo que Ecologistas en acción vuelven a pedirnos que esta semana la apaguemos y reflexionemos sobre nuestro modelo de sociedad que diariamente se reúne en torno a la caja tonta. Si hay un espectador vulnerable esos son los niños. La programación infantil tiene una parrilla difusa en contenidos y horarios y una carga monstruosa de publicidad. Es cierto que por la mañana la mayoría de las series infantiles (al menos las de Televisión española) tienen una componente divulgativa y de transmisión de valores: Cliford, Caillou, Pocoyo, que enseñan, educan y entretienen, en conceptos como la integración, el aprendizaje de normas, la risa e ironía adaptada a los pequeños. Pero los mensajes se difuminan si existen cortes publicitarios largos, repetitivos hasta el hartazgo y agresivos. Y al final la parte educativa y de entretenimiento sucumbe al interés comercial y la cadena se mama desde la cuna para convertir a nuestros niños en ratones detrás del flautista de Hammelin; el señor Consumo.

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Victor Rodríguez

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