Tengo hambre

Todos los que lean hoy este artículo, y también quien lo escribe, tenemos más que resuelta la primera de nuestras necesidades básicas, que es la alimentación. Por eso pone los pelos de punta que mil millones de personas en el mundo no puedan asegurarse su supervivencia, o que más de una cuarta parte de los niños menores de 5 años sufra malnutrición. ¿Y tenemos nosotros algo que ver en el asunto, aparte de que se nos ponga el cuerpo malo? ¿No es una cuestión de gobiernos e instituciones internacionales? Rotundamente no: a los ciudadanos nos queda un amplio margen de maniobra que abarca desde la forma de vida personal hasta el trabajo en red con organismos que se comprometen en esta línea. No vale callarse: superar el hambre y la pobreza extrema es la primera de las causas mínimas por las que uno debería moverse. Es un objetivo alcanzable, tanto o más que cambiar nuestras conciencias.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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