Terrorismo ecológico.

Otra vez el fuego, y sin embargo no deja de sorprendernos. Ahora nos sobrecoge la maldad de aquellos que, por oscuros intereses, se empecinan en ponernos al borde de una situación irreversible. Intentamos comprender el porqué, o saber quén está detrás. Hasta la señora ministra se nos pone nerviosa y apunta en todas direcciones. Y, mientras, más de uno quiere sacar partido electoral pasando factura por otros ataques del pasado. Eso sí, los políticos se pasean por Galicia y se arriman a la gente, pero el pueblo quiere otra cosa: están cansados de tanto populismo.
En la provincia de Huelva conocemos bien el coste tan elevado que tiene cada incendio; recordemos el del Berrocal y otros tantos que se han cobrado incluso vidas humanas. Y seguimos con el corazón en vilo porque vivimos con el mismo temor verano tras verano.
Galicia se quema, pero mañana puede tocarnos a nosotros. Es el momento de trazar una línea muy nítida en defensa del medio ambiente con una legislación que vaya mucho más allá del mero castigo penal al pirómano. Tenemos que poner coto a esta cultura del abuso del medio. Porque hay muchas formas de terrorismo ecologico, y algunas se tapan con ladrillos o chimeneas

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Dos Orillas

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