Tiempo de ocio, tiempo de consumo

La Junta de Andalucía anunciaba el pasado martes 11 de septiembre la presentación de un recurso contra el decreto del Gobierno que liberaliza los horarios comerciales. El Real Decreto-ley 20/2012 permitiría incrementar, por una parte, de 72 a 90 las horas semanales de apertura de los negocios y, por otra, de ocho a diez el mínimo de festivos autorizados. El recurso se presenta en defensa de los intereses de los pequeños y medianos comerciantes de Andalucía, según declaró el Consejero de Turismo y Comercio, Rafael Rodríguez. Esta liberalización de horarios perjudica al pequeño comercio y sigue la misma lógica inspiradora de los últimos decretos sacados por el gobierno: beneficiar a los poderosos y aumentar la transferencia de las rentas del trabajo a favor de las rentas del capital.

La norma que el gobierno de Rajoy ha aprobado impone un aumento del número de horas en días laborables, aumenta domingos y festivos y liberaliza incluso los períodos de rebajas. Estas cuestiones, que pueden sonar bien a primera vista para un consumidor poco avisado, conducen directamente a la destrucción del sector del comercio en la pequeña y la mediana empresa, así como a la explotación laboral de los trabajadores de las grandes superficies. Así lo han expresado igualmente las organizaciones de defensa de los consumidores que se han pronunciado en contra de este Decreto-Ley.

El sector comercial representa en torno al 8% del Producto Interior Bruto Andaluz, aglutina a 165.000 establecimientos y ocupa a 430.000 personas (el 16,3% de la población ocupada andaluza), con una fuerte presencia del autoempleo y del empleo femenino. El comercio minorista no podrá hacer frente a la competencia que representan las grandes superficies, ni en términos de jornadas interminables ni en términos de estrategias basadas en la reducción de precios. Estas medidas rompen también el equilibrio de competencia del actual modelo comercial y no garantizan la convivencia de una pluralidad de formatos, como ocurría hasta ahora.

Con este decreto se invita también a convertir el tiempo de ocio y descanso en un tiempo de consumo. Todos los días de la semana destinados a trabajar, el que pueda, y a comprar. El trabajador no tiene derecho al descanso, a pasear por el parque, a jugar con los hijos, a compartir una caña con los amigos. El sistema no quiere dejar resquicios. Cuanto más ocupados estemos, trabajando o paseando por una gran superficie comercial menos pensamos. Y lo mejor para destruir lo conquistado es tener ciudadanos, que no piensen, acríticos. Como trabajadores y como consumidores hemos de actuar. Potenciemos las pequeñas tiendas y boicoteemos las grandes superficies.

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Dimas Haba

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