Trabajo sin derechos

La hija de un amigo mío trabajaba en un hotel de la costa onubense. Tiene una hija de un año y pidió una reducción de jornada por cuidado de hijo menor de doce años, algo que contempla la ley y que es un derecho de todos los trabajadores de este país. La empresa no se lo concedió

y fue a hablar con el director. Le dijo que esa reducción era un derecho que ella tenía y el director la puso de patitas en la calle. Evidentemente, la hija de mi amigo ha denunciado al hotel y ahora le tocara esperar, pero ella se ha quedado sin trabajo y sin derechos. Mi mujer da clase en la universidad, una de sus alumnas no ha podido hacer el examen final y ha suspendido porque tenía miedo de pedir en su empresa horas para presentarse a dicho examen, otro derecho que también tienen los trabajadores de este país.

 Son dos ejemplos del tipo de relaciones laborales que se están imponiendo con la estafa de la crisis, con las reformas laborales de los sucesivos gobiernos que este país hIMG_8334a tenido. Son dos ejemplos y podíamos poner más: trabajadores suspendidos de empleo y sueldo por discrepar con la empresa en la que trabajan, trabajadores despedidos por secundar una huelga general, trabajadores que sufren acoso laboral y realizan trabajos que no le corresponden por miedo al despido…. Los derechos por los que tantos trabajadores murieron se están destruyendo y la sociedad permanece resignada, impasible ante semejante injusticia. Mientras tanto el gobierno se jacta del empleo generado, un empleo precario, esclavista, un empleo que no soluciona los problemas de la gente, que empobrece y genera miedo. Un empleo fruto de la dictadura de los mercados. Nos mienten diciendo que todo va mejor, cuando la realidad es que todo va mejor para unos cuantos, los de siempre, los que no pagan impuestos, los que defraudan, los terroristas financieros que causan miseria y pobreza, mientras ellos atesoran riquezas que ya están podridas, riquezas construidas con la sangre Rebajas_Ene-2011_webde los inocentes.

Hay que rebelarse, hay que potenciar las organizaciones sindicales de clase, hacerlas nuevamente fuertes, porque sin ellas, a pesar de los errores y desmanes de algunos de sus dirigentes, todo sería peor, y volveríamos al derecho de pernada y a los siervos de la gleba. No podemos dejar que nos pisoteen, se lo debemos a todos los que lucharon y murieron por un trabajo más digno, por unas relaciones más solidarias.

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Dimas Haba

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