Trapos sucios

“¿Sabes que alguna de las prendas que llevas puesta puede contener sustancias perjudiciales para tu salud? ¿Te pondrías ropa, a ti o a tus hijos, que contuviera sustancias tóxicas?. Así comienza a explicar Greenpeace la campaña Detox en su web. Una campaña que pretende hacernos ver la cantidad de marcas comerciales de nuestro entorno que usan productos tóxicos para fabricar la ropa que nosotros nos ponemos. Y no solo lo hace con palabras, también con imágenes, como la del rio Tullahan en Filipinas al cual se le forman nubes de espuma purpura y rosa debido a las fábricas que desaguan en sus orillas. La propuesta de Detox a las empresas, es que se sumen antes del 2020 a la moda libre de tóxicos: para quien la fabrica, para quien se la pone y por tanto para la naturaleza.

Y no es la única, la campaña Ropa Limpia lleva ya tiempo trabajando por hacer visible las condiciones laborales en las que se encuentran las personas que trabajan haciendo la ropa que nosotros compramos. Su labor se centra en investigar los casos, concienciar y movilizar a los consumidores, hacer presión a las empresas y denunciar los casos. Son dos campañas distintas, sin embargo cada una a su vez también se hace eco de los objetivos que persigue la otra, porque el medio ambiente, la justicia social y la salud, están íntimamente relacionadas. Así lo demuestra la actual crisis financiera que vivimos, a la cual algunos más acertadamente la llaman crisis de valores, que al fin y al cabo no es más que las reversión de la desigualdad y la contaminación que el crecimiento capitalista provocó y sigue provocando en los países pobres. Porque como dice Drexler en una de sus canciones, tarde o temprano uno “recibe lo que da”. Nos tendríamos que preguntar, ¿qué es lo que estamos dándole nosotros a la naturaleza?, ¿qué le estamos dejando a las próximas generaciones?, porque tarde o temprano eso es lo que ella nos va a devolver.

índiceDeberíamos cambiar el refrán por “ojos consumistas que no quieren ver, corazón que se resiente”, porque de eso es de lo que se aprovechan las grandes industrias para lavar los trapos sucios en una parte de nuestra casa, la Tierra, que queda fuera de la vista de los consumidores. Pero no nos llevemos a engaño, los fraudes y las malas praxis repercuten en los de más allá y en nosotros que somos quien nos ponemos la ropa.

Para bien y para mal, la globalización ha centrado todas nuestras miradas en un único futuro, en nuestras manos está que la balanza se vaya inclinando más hacia el lado del ” para bien”.

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Carmen Murillo

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