Trocear y vender

Cuando culmine la privatización de Renfe, las líneas ferroviarias deficitarias (incluido, por supuesto, el tren de la sierra), abandonadas a su suerte, serán definitivamente arrinconadas. Puede que entonces alguna Diputación o Ayuntamiento se apiade de los ciudadanos y subvencione el servicio para que el tren siga funcionando. Ya ha ocurrido, de hecho, pues casi siempre esa conexión es vital. Tendremos entonces el modelo del “tripago”, porque habrá trayectos que se paguen tres veces: con los presupuestos, con los impuestos municipales y con el precio del billete. Eso sí, habremos convertido el llamado déficit (con criterio exclusivamente monetario; otros déficits son menos contables y más onerosos) en una jugosa inversión que terminará engrosando las arcas de ciertas constructoras o empresas de transporte.

A ese objetivo responde el Real Decreto recién aprobado sobre la partición de Renfe, que abre la puerta de su privatización. Y el dislate que acabo de plantear no será el único. Para que no haya muchas quejas el Gobierno ha decidido trocear lo más posible la tarta del negocio: de Adif, la titular de infraestructuras ferroviarias, se harán dos partes, la Red del AVE por un lado y el resto por otro (en la propia empresa lo llaman “Adif bueno” y “Adif malo”); RENFE se dividirá en otros cuatro “cachitos”. Ya hay empresas francesas o alemanas muy interesadas en meter la cuchara, o la cucharita, más bien, a tenor del fraccionamiento resultante. Cada una de esas pequeñas tajadas vale mucho. Por ejemplo, el costoso mantenimiento de las líneas de alta velocidad está ya mayoritariamente subcontratado; cuando lleguemos a los diez mil kilómetros supondrá el 0,4 de los Presupuestos Generales del Estado. Ese dinero va a parar a grandes multinacionales, y entonces se explica el sentido que tienen las estratosféricas inversiones en AVE (¿son necesarios tantos kilómetros de alta velocidad?), mientras se desmantela el resto de la red ferroviaria.

A pesar de esta calculada estrategia, el gobierno debería mirar con lupa la entrada de capital privado en un sector tan valioso como el del transporte ferroviario. Ciertamente habrá que adaptarse a la liberalización del sector impuesta por Europa, pero faltan casi cinco años para ello, y hasta Alemania y Francia han mostrado sus reticencias. ¿Por qué queremos ser los primeros en esto? Habrá que preguntárselo a esas empresas que esperan llevarse su trocito.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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2 Responses

  1. el_erizo@ono.com' Manolo dice:

    En algún blog -no recuerdo ahora cuál- he leído que algunas de esas líneas se las darán a Lara, el de la editorial Planeta, para compensarle de la pérdida de audiencia que tendrá su cadena de TV, la 6ª, cuando quiten “El intermedio” que tanto critica al PP. ¿Cierto, falso? Pues ya veremos.

    Saludos.

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