Ultra- y trans-, cuestión de prefijos

Admitámoslo, el prefijo ultra- solo es bonito cuando acompaña a palabras como mar, sonido, o violeta, con el resto queda fatal.

En el campo de la limpieza, el prefijo ultra- resalta la eficacia del producto, la pena es que mientras más ultra- es , más perjudicial para el medio ambiente resulta.

Los ultras son los que consiguen desvincular el factor deporte en el fútbol mediático convirtiéndolo en un espectáculo desagradable y conflictivo.

En la política, ultra- es sinónimo de extremos ideológicos peligrosos y violentos, que suelen anteponer la causa a las personas, luchan para el pueblo olvidándose del pueblo y convirtiéndolos en víctimas de sus luchas.

En el mundo de la religiosidad, ultra-, representa a un colectivo desgajado de los pilares de su fe. Se desmarcan de lo esencial para hacer una interpretación muy subjetiva de la verdad, convirtiéndose en una amenaza todo aquello que no cumple su conservador punto de vista.

Sobre la transexualidad en la infancia hay mucho que hablar y es muy necesario que se haga, pero el cristiano nunca se debe permitir atacar a una realidad social tan vulnerable con la intención de imponer un simple punto de vista.

Lo lógico es que cualquier término precedido del dichoso prefijo , se convierta en una interpretación extrema de su propia definición (ultra + sonido = ultrasonido) pero en el mundo de la espiritualidad y la religiosidad, no se suele usar el prefijo ultra- (más allá), en este caso y significando lo mismo, se hace uso del prefijo trans-: transcendencia, transexualidad, ¿qué cosas verdad?, dos prefijos con el mismo significado y sin embargo usos tan distintos. 

El caso es que teniendo en cuenta que la palabra católico en griego significa “universal, que comprende todo”, la suma de dos términos como ultra y católico debería dar como resultado algo así como “aquella o aquel que pone empeño en trascenderlo todo, sobre todo a sí mismo, hasta llegar a hacerse uno con la universalidad o la totalidad”.

Que por el contrario a esto, el prefijo ultracatólico simbolice la división en vez de la confrontación, ataque en vez de encuentro en la diversidad, ridiculización en vez de diálogo, sentenciar en vez de contemplar, debería ser cosa de ultraconservadores pero no de ultracristianos. Que hoy en día no se note la diferencia es para hacernos pensar. Este colectivo en realidad es una minoría dentro de la iglesia católica pero saben hacer ruido tan bien , que parece que la minoría son los que piensan distinto a ellos.

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Carmen Murillo

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