Un banco güeno

En Pizarra, un pueblo de Málaga, un grupo de personas ocupó hace unos días las tierras de un terrateniente adornado con título nobiliario. El episodio recuerda las constantes ocupaciones de fincas, como Somontes o Las Turquillas, a que nos tiene acostumbrados el S.A.T, con el mediático Sánchez Gordillo a la cabeza, sólo que esta vez el asunto no terminó con el consabido desalojo: la Guardia Civil, que se presentó en seguida a instancias del señor conde, fue informada por los ocupantes de que aquellas tierras eran públicas, pertenecían a una vía pecuaria, y que quien realmente había usurpado los terrenos era su supuesto dueño. Así que la propia Benemérita, tras comprobar la veracidad de estas informaciones, fue la que revirtió la denuncia contra el noble “okupa”. El colectivo que realizó la ocupación se llama “Er Banco güeno”, ha nacido en un barrio deprimido de la capital malagueña y viene ejerciendo desde entonces acciones encaminadas a resolver carencias sociales. Las tierras van a servir para la producción colectiva de alimentos, y los vecinos han comenzado ya a sembrar hortalizas para atender a familias necesitadas del pueblo.

Los detalles de esta historia no dejan de tener su punto de comicidad, pero en verdad ponen el dedo en una llaga muy seria. Con una tasa de paro que ronda el 40%, con muchos niños que ya no comen tres veces al día, con cientos de familias amenazadas por desahucios… no podemos permitirnos el lujo en Andalucía de mantener terrenos improductivos. Y no hace falta cambiar el sistema económico, ni meterle mano a la reforma agraria que lleva siglos esperando, solo es necesario un poco de sentido común. En lugar de “la tierra para el que la trabaja”, al menos, que los que no tienen trabajo puedan acceder a los beneficios que la tierra produce.

Eso es lo que pretende el Banco público de Tierras, una iniciativa viable que ofrecería posibilidades de empleo y subsistencia a unas diez mil personas. Desde luego que eso no acabaría con el paro, pero sería un gesto valiente ante la difícil situación que se vive en el campo andaluz. Las ocupaciones de fincas son actos de desobediencia civil que alertan sobre una situación desesperada. Dar algún tipo de respuesta a esa situación no es una utopía, es la obligación de quienes legislan. Y es una manera de demostrar, como hicieron en el pueblo de Pizarra, que hay algunos bancos que son güenos.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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