Un chino pescando en el Manzanares

La economía china crece a un ritmo desenfrenado. Una economía que se basa en unas condiciones lamentables de trabajo, una escasa calidad de la productos y un nulo respeto por el medio ambiente.El río Manzanares atraviesa la ciudad de Madrid. Es un río pequeño, de escaso caudal y corto recorrido. Quevedo, con su característica mala leche, propuso que se prohibiera que las caballerizas abrevaran en él, no fuera que algún caballo se lo bebiera. No inspira literariamente. No tiene épica, no es como el Danubio, el Volga, el Nilo o el Mississippi. Si impidió que los tanques del ejército franquista lo cruzaran en noviembre de 1936, no fue por su agua sino por su barro. En fin, un río de andar por casa.

Cuando Tierno Galván ganó las elecciones municipales de 1979 se propuso recuperar el río para la ciudad. Un plan de presas y depuradoras adecentaron el río a su paso por la ciudad. Incluso se trajeron patos. Los sucesivos gobiernos del PP también se ocuparon del río, llegando Ruiz Gallardón a desviarlo de su cauce natural para poder enterrar la M-30 (y de paso enterrar las finanzas municipales). Lo cierto es que hicieron algo bueno, y el río a su paso por los distrito de Usera y Villaverde atraviesa un parque muy cuidado que lleva su nombre. Aquí el río, tras pasar por la depuradora de la China, está lo suficientemente regenerado como para que haya peces.

El domingo fui a dar un paseo por esa zona del río. Acurrucado entre dos árboles un chino pescaba. Ello me ha llevado a pensar en la economía china. Su crecimiento es vertiginoso. Para darse cuenta de ello basta con pensar que ha pasado con el sector textil. Una cifra: el 90% de las camisetas que se producen en el mundo son procedencia china. Lo mismo se puede decir de otros sectores.

Pero este crecimiento tiene un lado oscuro. Sólo se puede sostener porque las condiciones laborales en China son propias de la Inglaterra del siglo XIX que inspiró a Marx. Sólo se puede sostener porque existe una carencia total de libertades, incluida la libertad sindical, que podría cuestionar este modelo de producción. Sólo se puede sostener con un consumo voraz de materias primas. Sólo se puede sostener con una pésima calidad de los productos

Un ejemplo de todo ello es la minería del carbón en China. Las necesidades energéticas son de tal magnitud que se ha impuesto un ritmo frenético en la extracción del carbón. Incluso minas que estaban abandonadas por su peligrosidad y baja productividad, se han reabierto. Claro está que eso tiene un coste. Mejor dicho, dos costes. El primero lo pagan los mineros chinos, con sus vidas y su salud. Son cientos los accidentes anuales en la minería china, muchos de ellos ocultados por las autoridades. El segundo lo paga el planeta, pues no hay cosa más contaminante que quemar carbón. No mejores son las condiciones de trabajo de los obreros que fabrican todo el merchandising de las olimpiadas del 2008.

Lejos de devolver lo pescado al río, mi chino guardó los dos peces que le vi pescar en una cesta. Si para este chino el humilde Manzanares es un recurso a explotar, ¿qué podemos esperar de los dirigentes de su nación?

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Dos Orillas

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