¿Un nuevo genocidio?

sudan del surHace 21 años en Ruanda, tras decenios de conflicto racial incitado, una facción extremista de la población dominante Hutu trató de exterminar a la minoritaria Tutsi, llegando a masacrar a cerca de un millón de personas ante el silencioso de la comunidad internacional. Antes de aquello muchos advirtieron lo que se avecinaba, como por ejemplo el misionero catalán Joaquín Vallmajó, asesinado por los militares oficialistas en aquel 1994 y que avisó: “…un pequeño grupo de politicastros corruptos hasta el extremo quiere conservar el poder a cualquier precio, sacrificando al pueblo y al país si es preciso.” Detrás de aquel horror hubo causas socioeconómicas claras, el precio del café descendió el año de la tragedia en más de un 40%, provocando una gravísima  crisis económica y una lucha feroz por controlar la tierra útil para mantener los ingresos, lo que exacerbó el odio racial. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

Sudán de Sur es el país más joven de la tierra, nació hace cuatro años apadrinado por iglesias cristianas de EEUU tras décadas de lucha por la independencia con su vecino del norte, Sudán, de confesión mayoritaria musulmana. Es una región muy rica en petróleo, lo que parece ha ayudado a la simpatía de las iglesias norteamericanas. Pero lejos de estrenar una convivencia pacífica y próspera se ha sumergido en una guerra entre las etnias dinka y nuer, que ya ha provocado un millón y medio de desplazados internos y más de medio millón de refugiados en países del entorno. Nos avisan las organizaciones de lucha por los derechos humanos en el terreno que se está gestando un genocidio, y nuevamente hay factores económicos detrás: los intereses cruzados con Sudán para el reparto del crudo, el intervencionismo de la China National Petroleum Corporation y el lucro de los comerciantes de armas. Visto desde fuera, Sudán del Sur cumple todos los requisitos para un genocidio, incluida una insuficiente misión de la ONU. Visto desde dentro, la narración que un superviviente hace de la matanza de 300 personas en una comisaría de la policía en Gudele, confirma el vaticino: “De repente abrieron fuego contra nosotros desde dos ventanas. Caí al suelo, y quedé protegido por los cuerpos de los muertos y heridos que cayeron encima de mí. Algunos de los heridos gemían “. Repito, ¿qué ha cambiad desde el genocidio ruandés?

Miremos a Sudán del Sur, hagámoslo existir, denunciemos, actuemos, exijamos a nuestros políticos preocupación, apoyemos una ONU fuerte emancipada de su Consejo de Seguridad. Cambiemos la explotación.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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