Un pequeño pueblo

Nos pide el director del periódico que procuremos ceñirnos a temas locales. Y tiene razón: para eso tenemos una columna en una edición local. Pero es complicado, no crean: en primer lugar porque las fronteras entre lo local y lo global están confusas en este mundo moderno. Lo que se decide en Bruselas, en el Despacho Oval, en las Asambleas de la OPEP… tiene todo que ver con el precio de los tomates, con nuestros salarios, con las subidas de carburantes. Este inmenso planeta se ha ido convirtiendo, en los últimos años, en un pequeño pueblo. Pero también es cierto que a veces resulta más fácil buscar a los culpables de este tremendo caos fuera, lejos de casa. Pensar, así, que todo ha de resolverse arriba, en los grandes despachos. Eso es escupir al cielo, porque si bien es cierto que influir en las estructuras es importante, no es menos cierto que los cambios verdaderos han de llegar desde abajo, desde la vecindad, desde lo cotidiano. No somos en absoluto conscientes del poder de transformación que tienen nuestros actos, de lo contundente y eficaz que puede ser una “ciudadanía” ejercida responsablemente.

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Gonzalo Revilla

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