Un trabajo decente

El pasado lunes 7 de octubre se celebró la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. Desde el año 1999, la Organización Internacional del trabajo está impulsando este objetivo de lograr un trabajo digno como elemento fundamental para combatir el empobrecimiento y caminar hacia una sociedad decente, más justa y más humana, donde sea más importante la persona que la economía, donde importe más el sufrimiento de la gente que los fichajes multimillonarios de los grandes clubs. El movimiento sindical internacional ha hecho de esta jornada un símbolo de la lucha contra el desempleo, la subocupación y la precariedad laboral, que son las constantes -aunque el ministro Montoro no se entere- del trabajo que se está creando. Un trabajo indecente en el que la explotación está a la orden del día.

En estos años la situación de la clase trabajadora ha empeorado en todo el mundo por la negación práctica de los derechos de las personas en el mundo laboral. Se ha extendido el empobrecimiento -un millón y medio viven en situación de pobreza extrema en nuestro país y Montoro haciendo chistes- y la vulnerabilidad de los trabajadores, que no reciben un salario justo, no tienen derechos y son explotados en aras del beneficio económico. Un trabajo digno es una aspiración a la que tienen derecho todos los habitantes de todos los países del mundo, un trabajo que permita satisfacer las necesidades básicas, que permita la escolarización de los hijos, sin que éstos se vean obligados a buscarse la vida, un trabajo que permita el respeto y la autoestima, un trabajo que nos haga partícipes y útiles, un trabajo que nos realice y nos enriquezca humana y personalmente.

Pero, ¡qué lejos estamos! Y no podemos quedarnos indiferentes, debemos reclamarlo, exigirlo, lucharlo, porque lo que está en juego es la misma dignidad del ser humano, la construcción de nuestra humanidad, la construcción de una sociedad a la medida del hombre y la mujer. Lo que está en juego es la vida de los empobrecidos. La lucha por un trabajo digno y decente es un reto para todos nosotros porque cada vez que un trabajador está siendo explotados nosotros también lo estamos siendo. Todos debemos presionar para que el este sistema coloque el trabajo por encima del capital, el bien común por encima del bien privado, la persona y su dignidad por encima de los beneficios empresariales, la solidaridad por encima del egoísmo.

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Dimas Haba

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