Una foto

nino_sirioHace unos días, en esta misma columna, hablamos de los refugiados sirios. Hoy deberíamos hablar de otra cosa. Pero está esa foto: un crío en una playa, en la orilla, aparentemente dormido, evidentemente muerto, un bofetón a la conciencia de Occidente y sus hipocresías, una foto que recuerda, por su crudeza, a aquella de la niña y el buitre. Detrás de la foto: el drama de los refugiados, que superan actualmente en el mundo a los que generó la 2ª Guerra Mundial; la guerra de Siria, otro sinsentido que miramos desde fuera y alimentamos desde dentro; la crisis de las fronteras, que amenaza con llevarse por delante a la vieja Europa, incapaz de reaccionar.

Está esa foto: estremece mirarla. Se ha generado el habitual debate sobre la oportunidad o no de mostrarla, de llevarla a las portadas de los periódicos o a las entradillas de los informativos. ¿Mejor no verla? No se. Creo que no tenemos tiempo para ser escrupulosos. Es un niño, sólo un niño. Pero representa mucho más, a su pesar. Representa el fracaso, la esperanza, la vergüenza, la ignominia, el horror… todo eso en una foto estremecedora.

Y digo que representa la esperanza, también, porque consuela (poco, pero consuela) ver como millones de personas se han conmovido con la foto, han sentido rabia, miedo, lo que sea, pero han sentido. Es decir: aún sentimos, aún somos humanos y un niño muerto absurdamente en una playa nos mueve por dentro. Así que no todo está perdido.

¿Haremos algo? De eso ya no estoy tan seguro, porque nos conmueven las imágenes, pero nos incomoda hacer algo para impedir que se repitan. Si nos piden un donativo tal vez lo hagamos, si nos fuerzan a acoger a algunos miles habilitaremos algunas literas, si reclaman ayuda mandaremos al ejército, a los bomberos. Pero eso no es más que parchear la herida, no evitará el siguiente golpe.

Una vez nos sequemos las lágrimas hay que mirar más allá de la foto: los refugiados huyen de guerras en las que tenemos un alto grado de responsabilidad, al menos nuestros gobiernos. Los intereses, las armas, las mentiras, todo está atravesado por la geoestrategia, una geoestrategia que busca defender el nivel de bienestar de unos pocos frente a la situación de dependencia del resto del planeta. Es decir, si queremos hacer algo que modifique sustancialmente la relación de fuerzas hemos de estar dispuestos a perder, hemos de actuar contra nuestros intereses. Y es que nuestros intereses han engordado de forma exagerada. Con consecuencias como la de esa foto.

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Gonzalo Revilla

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