Una historia decente

La historia es tan bonita, tan ejemplarizante, que ustedes pensarán que me la he inventado. Se trata de una pequeña empresa, ubicada en una ciudad también pequeña, que se dedica, por ejemplo, a la fabricación de pasta. Los trabajadores no son muchos, el clima es bueno, el empresario los conoce a casi todos. Y los oye hablar. Y algo le llega de que pasan apuros a fin de mes. ¿Cómo, con el salario que él les paga? ¿Será verdad que no les llega, o es un cuento para ablandar al patrón? En ese mismo pueblo, cuando él era niño, las diferencias entre ricos y pobres eran grandes, pero ahora… Bien, hagamos la prueba, se dice el jefe: este mes voy a cobrar lo mismo que ellos, mil euros. Y sucedió que no fue capaz de llegar ni al día 20. Que se sintió agobiado, “como cuando uno se queda sin oxígeno”, contó luego. Lo bueno de la historia es su final. El empresario decidió subir 200 euros netos a sus trabajadores, porque pensó que, si la empresa iba bien, la plusvalía había que repartirla: no por marxismo, sino por decencia, Todavía hay algo mejor: Enzo Rizzi, empresario de una pequeña fábrica del sur de italia, no es un personaje de fábula. Simplemente es alguien que ha sido capaz de ponerse en la piel de los otros. Y ése es el primer paso para cambiar la realidad.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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