Una tierra acogedora

Veo con esperanzas que organizaciones tan variopintas como el sindicato CC.OO., las proinmigrantes Huelva Acoge o ACCEM, la Asociación Pro Derechos Humanos o entidades sociales como Valdocco y la organización caritativa de la Iglesia -entre otras- se hayan puesto de acuerdo en el asunto y hayan logrado consensuar un comunicado de denuncia sobre la situación de los inmigrantes en la provincia de Huelva.

Uno de los aspectos esenciales de ese comunicado, bajo mi punto de vista, es la intención de extender ese consenso a la administración y a los empresarios. Me parece esencial, sencillamente, porque no es sólo un asunto de buenas intenciones y voluntarismo sino, también, de recursos. Y de estos, posiblemente, los firmantes del comunicado no están sobrados. Sin embargo de la administración se conocen presupuestos millonarios y sabemos de los cuantiosos beneficios que los patronos han obtenido por la venta de la fresa.

La administración está obligada a intervenir porque así lo define la ley: son los poderes públicos quienes están encargados de velar por la salud, el acceso al agua, la higiene, el derecho a la vivienda digna… de las personas que residan en los territorios que están bajo su jurisdicción (no lo digo yo, lo dice la Declaración de los Derechos Humanos, la Constitución, el Estatuto de Autonomía…).

La patronal, por su parte, está obligada a intervenir por responsabilidad y por necesidad. Por responsabilidad porque no es razonable que su único papel sea el de recoger beneficios, dejando en manos de otros “los daños colaterales” que provoca su actividad. Y por necesidad, porque la imagen que se está dando internacionalmente de Huelva -en general- y de la campaña de la fresa -en particular- no les conviene para nada (de la situación en los asentamientos ya se han hecho eco periódicos de medio mundo desde el New York Times hasta el Le Monde).

Tiendo a creer en la bondad humana y me resulta difícil creer que unos y otros sean insensibles a la situación que sufren todas estas personas que han llegado a nuestra tierra en busca de un futuro mejor y dispuestos a dar de ellos lo mejor que tienen, sacrificando su salud, incluso, para que nosotros dispongamos de un poco de prosperidad.

Me resulta también difícil creer que, a estas alturas, alguien piense que el problema pasa por soluciones simples, que lo único que hacen es desplazar o tapar el problema, tal y como se vino haciendo con los levantamientos, por lo que espero que, de una vez, se haya dejado de entender que el asunto es un problema de seguridad y que todo lo deben solucionar los jueces o la Guardia Civil.

El problema es, más bien, complejo, requiere soluciones ambiciosas y, sobre todo, la intención clara de ser acogedores con los que llegan de fuera.

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Javier Rodríguez

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