Unidos por el Odio

Lo ocurrido en la discoteca de Orlando este fin de semana es una barbaridad. El odio, las armas, el miedo, la homofobia, la intransigencia, el absurdo, todo en un cóctel agitado y servido con mucha sangre. Y así vamos caminando, de horror en horror.

Inmediatamente después de conocerse la crueldad de los asesinatos, el republicano y vicegobernador de Texas Dan Patrick publicó en su cuenta de twitter: “No se engañen: nadie se burla de Dios. Se recoge lo que se siembra”. El ultraconservador dejó claro que según él los homosexuales se lo estaban buscando. No sorprende para nada la salida de tono, es habitual en la casta republicana americana, lo extraño es que lo hiciera tras un asesinato perpetrado por un musulmán. Horas después lo borró. Por un instante el asesino, o más bien lo que él representa, y el congresista “zulú”, y también todo lo que él representa, estuvieron sentados en la misma mesa, disfrutando, acusando, ejecutando. Evidentemente el error sólo duró un instante, inmediatamente después interesaba que todos dieran caña al “moro”, es más rentable y sobre todo une y produce más. Pero en ese instante los vi a  todos junticos: a Patrick y a Trump; al asesino de turno Omar Mateen, aprendiendo; a los obispos de Getafe y Alcalá, Juan Antonio Reig y Joaquín Mía Andújar, y a Cañizares también; etc. Y todos riéndose a carcajadas, disfrutando como demonios, diciendo – ¡ Veis, panda de enfermos, os lo merecéis!

El odio no es patrimonio de ninguna raza, ni de ninguna clase social, se fabrica dentro, en lo más hondo, y después sale haciéndonos a todos parecidos, incluso a socios de empresas tan aparentemente distintas como un gobernador de Texas, un obispo católico y un norteamericano yihadista enfermo. Por cierto, y no es baladí, todos hombres.

Mirar a lo ocurrido en Orlando y no vincularlo con una política e ideología patriarcales, enfermas y miedosas, es no querer mirar la realidad, taparla con un dedo. Los asesinatos despiadados que estamos sufriendo, las guerras sin corazón e incluso la actitud cobarde de una Europa que deja que los niños se ahoguen en el mediterráneo tienen el mismo origen, a pesar de que muchos se esfuerzan en distinguirse del de enfrente: el miedo. Y una consecuencia, la violencia. El odio es la munición.

Descansen en paz los 50 muertos de Orlando. Mueran para siempre las armas, las guerras y el machismo asesino. homo

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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