Uniradio no se toca

En época de ajustes muchos pensarán que mantener una radio funcionando no es la prioridad más urgente. Sobre todo cuando la radio de la que hablamos, Uniradio, está ligada a la universidad de Huelva, que tantos y tan preocupantes problemas presupuestarios arrastra. Que inviertan ese dinero en dar becas a los estudiantes, dirán. Que paguen las facturas atrasadas. Que contraten a más personal, porque una radio es un lujo… Ya cuentan el Rector y su equipo con que la decisión de cerrar Uniradio no será, precisamente, de las más criticables. Pero se equivocan.

Se dice que cuando un medio de comunicación echa el cierre, cierra con él un espacio de libertad y democracia. Un principio que no se cumple en muchos periódicos, televisiones y radios plegados a los mandatos del poder, pero que es rigurosamente cierto en el caso de Uniradio. Lo que los recortes –siempre marcados desde arriba, siempre afectando a los de abajo- se llevan esta vez por delante es el trabajo desinteresado de muchos voluntarios, gente que sin pedir nada ni hacerse notar encontraron en esta emisora un lugar de libre expresión de sus ideas, de independencia y espíritu crítico. Se llevan un modelo de funcionamiento participativo y muy horizontal, que ha sido copiado en otras universidades que tienen a Uniradio como referencia. Se llevan siete años de trabajos a hora y a deshora, de premios dentro y fuera de nuestras fronteras (eso sí lo habrá tenido muy en cuenta el Rector en otras ocasiones), de abrir puertas a la sociedad onubense y de que los ciudadanos de Huelva, y los colectivos sociales, y las minorías, pudieran asomarse a la universidad. Se llevan por delante la comunicación sin la tiranía de la audiencia, la defensa de la cultura, la vocación de servicio público. Se llevan la mejor encarnación del espíritu universitario en Huelva, para ahorrarse un nimio 0.08% del presupuesto. Se llevan la palabra.

Los duros tiempos que vivimos no lo justifican todo. No tiene justificación el despido de profesionales que han trabajado generosamente por un proyecto, pero mucho menos la tiene dejar de apoyar ese proyecto, dejarlo que muera. Para ciertos sectores mantener una voz independiente puede resultar incómodo, incluso arriesgado. Pero es el momento de demostrar qué universidad queremos, qué comunicación queremos, qué ciudadanos queremos. Esos son los valores que no deben tocarse, ni deberían echar el cierre.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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