Vale ya, Diraya

Las redes y programas informáticos de la Junta tienen nombres muy poéticos: Séneca, Diraya, Wanda, Adriano… Alguien en las alturas debió pensar que se trabajaría mejor al captar el guiño cultural de su denominación. Lástima que, además de sonar bien, los programas no funcionen bien. Puedo poner ejemplos miles, pero me ceñiré al más fastidioso: de los seis minutos, seis, que los facultativos de atención primaria tienen asignados a cada paciente, dedican la mayoría a lidiar con los constantes fallos del programa Diraya, que es el que dirige toda la actividad asistencial de las consultas. Los usuarios de los centros de salud sabemos bien cómo se las gasta el programita: la receta electrónica que no sale, los ordenadores que se “cuelgan”, las derivaciones a especialistas que no pueden hacerse… Los retrasos pueden llegar a las dos horas, y claro, el personal se cabrea, y arremete contra los profesionales, que son los primeros en padecer las incompetencias del dichoso Diraya. Ahora ellos han dicho basta. Desde hace un par de semanas varios centros de salud de la capital realizan los viernes un apagón informático hasta que los problemas técnicos se resuelvan. Una medida que, aunque nos fastidie, los pacientes agradecemos. Al menos nos atienden más relajados.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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