Vecinos, a su pesar

No están muy lejanos esos tiempos en los que no había más remedio que convivir con los vecinos. En nuestra propia ciudad solo queda, que yo recuerde, una casa grande de aquellas tan de moda a comienzos de siglo. Ahora el vecino es una fuente de molestias, y organizar la vida de una simple comunidad de propietarios se torna bastante pesado; así que las urbanizaciones de chalets crecen como setas de temporada. Pero si no tiene la oportunidad de comprarse un adosado en Bellavista o la Dehesa, no se preocupe que la señora Ministra de la Vivienda piensa en usted, y se ha empeñado en obligar a los constructores a que aislen las viviendas convenientemente del ruido exterior. Ya saben, si no puede acabar con el ruido del vecino de arriba o del botellón de abajo, ya se ha inventado el climalit y los revestimientos insonorizantes de última generación.

Y si eso pasa en una comunidad de propietarios cualquiera, echen un vistazo al movimiento vecinal, que se divide por motivos políticos y por otros intereses; eso sí, no para de crecer en instalaciones, aunque no tanto en asociados. Cree usted su propia asociación de vecinos si no le gustan sus convecinos, aunque sean tres o cuatro, que ya se la subvencionaran o no dependiendo de la administración a la que se dirija,. Eso sí, ya no tendremos un espacio vecinal de democracia y participación sino una nueva generación de clubes sociales, con banderas en la puerta.

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Dos Orillas

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