Veintiseismiltrecientos sorbos de café

cafe-2Supongo que dentro de unos años se estudiará en las facultades de Sociología el comportamiento de las sociedades modernas. Porque es alucinante la capacidad de tragar que estamos desarrollando. Ahora nos dicen, así, en un aparte, como sin darle importancia, que hay 26.300 millones que la banca no tiene pensado devolver, ya saben, de aquella recapitalización que se hizo con fondos públicos. Los da por perdidos. Punto. Y los ciudadanos leemos esto, damos un sorbo al café, y seguimos adelante con nuestras cosas.

De hecho, de los 51.303 millones que se les prestaron sólo han devuelto un 5%. Otro sorbo al café. ¿Están irritados? No, ¿verdad? Son las tragaderas, anchas como autopistas. Nada nos puede ya sorprender. Ahora encuentra uno artículos muy ilustrativos sobre lo que se podría haber hecho con ese dinero. Inversiones en Sanidad, Educación, Infraestructuras… Da igual, todo es humo, porque ese dinero no va a volver. Es la vieja lógica del capitalismo productivista: privatiza ganancias y socializa perdidas. Otro sorbo al café.

Ni siquiera nos irrita ver otras noticias que contrastan de forma sangrante con lo anterior. Como por ejemplo una familia que ha tenido que hacer una campaña de crowdfunding para poder empezar el curso escolar de sus hijos. Porque lo que ocurre a un lado tiene consecuencias, como no, al otro lado de la balanza. Y en este lado de la balanza lo que ha quedado es desolador: precariedad laboral, desahucios, servicios públicos debilitados, economía sumergida, paro estructural, pobreza… Viviremos con ello, claro, la gente aprende a sobrevivir, a buscarse la vida. Pero no deberíamos olvidar que esos 26.300 millones eran nuestros. Que los tipos que los gestionaban en nuestro nombre los prestaron a la empresa privada para tapar sus chanchullo. Y que esa misma gente ha dicho que son “irrecuperables”.

Es decir: un ciudadano no puede dejar de pagar ni una sola letra de su piso, de un piso que compró a un precio inflado y con condiciones abusivas. Pero la banca, la misma banca que le vendió esos pisos, la misma que infló la burbuja y redactó contratos leoninos, esa banca sí puede dejar de pagar sus facturas. Y en este país no pasa nada. Absolutamente nada. Porque nos han sometido, durante estas décadas, a una voladura controlada de la resistencia social. Y han tenido éxito: excepto algunos focos muy residuales apenas quedan hoy colectivos capaces de hacer frente al Estado, y mucho menos a los que manejan al Estado. Así están las cosas hoy. De nosotros depende que cambien. ¿Otro sorbo al café?

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Gonzalo Revilla

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