Venezuela

La situación política en Venezuela debe ser muy grave porque políticos y medios de comunicación de España no dejan de hablar de ella. Yo no se muy bien a qué se refieren porque no conozco qué ocurre poco más allá de ese presidente al que le gusta tanto vestirse con chándal y dar discursos estridentes, pero la cosa debe ser grave cuando los medios se ocupan de este país y no, por ejemplo, de Uzbekistán, donde hace once años el ejército mató a casi mil personas en una protesta, donde no se celebran elecciones desde 1991 y donde la UE es el mayor inversor extranjero.

O de Marruecos, que más que ser una monarquía parece ser una empresa propiedad de su rey, Mohammed VI, con no pocos litigios abiertos por la situación de los derechos humanos, la ocupación ilegal del Sáhara Occidental o el encarcelamiento de los homosexuales. O de Kosovo, cuyo presidente es considerado en investigaciones de la OTAN y del Consejo de Europa como un “pez gordo del tráfico de heroína” y al que se le atribuyen crímenes de guerra, como la persecución y asesinatos de serbios y gitanos y con el que la UE tiene desde el pasado abril un acuerdo de asociación. O de Kazajistán, donde el presidente -y amigo del “primer ministro” de la Comisión Europea y otros líderes europeos- lleva 25 años en el poder gracias, en gran medida, a una ley que dice que sólo él puede presentarse indefinidamente a las elecciones presidenciales. O de Camerún, donde Paul Biya gobierna desde 1983, o de Gabón donde los Bongo gobiernan desde 1967. O de Arabia Saudí, país al que España suministra armas pese a una resolución del Parlamento Europeo que lo prohíbe (*).

Incluso debe ser más grave que la situación de otro país, del que no recuerdo el nombre, en el que cientos de familias están siendo desahuciadas de sus casas por no poder pagar sus deudas, varios millones de personas sufren el drama del paro, el trabajo ha dejado de ser una garantía para huir de la miseria, decenas de sindicalistas y activistas sociales se enfrentan a condenas de cárcel por denunciar esta situación y la libertad de expresión ha sufrido fuertes ataques. Mientras se conocen tramas corruptas, a cada cual mayor, que afectan a los dos partidos que han gobernado los últimos 24 años.

Si frente a todas estas situaciones la obsesión por Venezuela es tan grande es porque algo muy grave debe estar ocurriendo allí y yo la verdad es que empiezo a tener curiosidad.

(*) Toda esta información está extraída del artículo: “La Unión Europea y el Amigo Dictador”, del Periódico Diagonal

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Javier Rodríguez

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