Vertiginoso

Esta sociedad que nos aloja anda un poco desquiciada, asediada por mil contradicciones, confusa y vertiginosa. Los jóvenes se concentran para pedir vivienda digna, para clamar contra esa locura de las hipotecas infinitas; y mientras sus padres especulan con la vivienda, usando el ladrillo para multiplicar sus ahorros. Las madres se hacen socias de oenegés que combate el hambre en el Sur, y mientras, sus hijas se deshilachan en manos de la anorexia, atrapada entre los estereotipos sociales. Los adolescentes se muestran violentos, salvajes incluso, y graban con móviles de última generación las palizas que les dan a un mendigo; y los padres de esos adolescentes, ausentes e impotentes, consienten la desbordante violencia de televisores y videojuegos. Las familias se quejan de la falta de tiempo para todo, pero hacen jornadas laborales cada vez más largas, para pagar todo eso que no pueden disfrutar por falta de tiempo. Nuestros hogares se han hecho verdes, reciclamos vidrio, papel y plástico, pero esos mismos hogares son auténticos depredadores de recursos energéticos. Y etcétera. Vamos siendo, así, una hipócrita imagen de nosotros mismos, un proyecto abortado de la sociedad del siglo XXI, un tren que avanza a toda velocidad, desquiciado y sin conductor, mientras todos los pasajeros miran despreocupados por la ventana un paisaje que apenas pueden ver.

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Gonzalo Revilla

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