Violencia inversa

Hasta hace poco el que un padre pegara a un hijo se podría reprobar, o justificar en algunos casos, pero desde luego era algo socialmente reconocido como una herramienta, de uso en caso de emergencia, en el proceso educativo de los hijos. Pero en la actualidad se viene produciendo el fenómeno a la inversa, es decir, cada vez más son los hijos los sujetos activos en infringir malos tratos a sus progenitores. El tema va más allá del caso aislado. Se ha traspasado una línea no escrita, pero reconocida en todas las culturas del mundo, desde los Diez Mandamientos: honrarás a tu padre y a tu madre. Pegar a un padre y maltratar a una madre es un rasgo inequívoco de crisis social profunda. ¿Qué clase de generación de jóvenes egoístas e irresponsables estamos educando para ocupar los futuros puestos de liderazgo?

Lo más llamativo de este problema es la absoluta indiferencia moral que muestran, en la mayoría de los casos, los hijos que llegan a la fiscalía denunciados por sus propios padres. Para ellos no hay arrepentimiento porque carecen de los valores positivos que les confronten su actitud. Educar con límites, normas y principios no puede verse como un modelo arcaico, sino básico para la convivencia y el respeto.

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Victor Rodríguez

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