Visita del Papa

Benito XVI ha pasado por Valencia. La visita ha venido precedida de polémica, y ha supuesto un despliegue aparatoso en la ciudad mediterránea. Miles de personas se han desplazado a verlo, han aplaudido sus discursos y se han emocionado ante la cercanía de este peculiar jefe de estado, líder religioso del catolicismo, una de las grandes religiones monoteístas. El Papa (el anterior) también estuvo por Huelva hace unos años, y también recordamos lo fastuoso que resultan estas visitas papales. De aquello queda el recuerdo. No dudo que la Iglesia Católica tenga, tengamos, cosas que decir, y que para ello necesite púlpitos. Pero me da que, tal como andan las cosas, bien haríamos en escuchar y aprender, en tomar el pulso de esta humanidad, hoy, ahora, con sus debilidades y sus fortalezas. Y estos viajes no ayudan mucho a escuchar: damos la impresión de una institución con la cosas muy claras, con una trinchera moral muy definida, estática y algo anacrónica. No digo que el relativismo sea mejor, pero sí que hay que revisar muchas de nuestras posiciones a la luz de los nuevos tiempos: no todo es evangelio (ni evangélico) en lo que pregonamos, la gente lo sabe, los propios creyentes lo saben. Ojalá entonces la próxima visita papal sea menos vertical, que se acerque, nos acerquemos, a las grandes heridas del este mundo con talante sanador, sin juicios previos. Si la Iglesia Católica quiere encontrar su lugar en esta sociedad, en este siglo, ha de revisar sus formas y su mensaje. Amén.

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Gonzalo Revilla

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