Vivir al día

Tumbado en la arena, disfrutando de la inmensa playa onubense, se sentía igual a todos, disimulado, anónimo. Era feliz. Tenía problemas, pero era feliz. Había llegado a España a trabajar, pero al final todo resultó un engaño, un chanchullo de una empresa del Este. Y él, junto con toda su familia, había quedado en una situación un poco rara, pendiente sólo de que terminara el año, y con él la moratoria para que Bulgaria y Rumanía terminaran de ser europeas del todo. Entonces podría regularizar su situación, y encontraría trabajo, seguro. Era un buen profesional. Mientras: a vivir de las chapuzas, un pellizco aquí y otro allá. No se quejaba, veía como muchos inmigrantes y nacionales tenían la misma situación: precariedad, inseguridad, provisionalidad… Es decir: vivir al día, salir adelante a empujones, soñando siempre con un mañana mejor, más holgado. En su país, en cualquier caso, era aún más duro, menos oportunidades. Tumbado en la arena era feliz, igual a tantos. La vida, al final, no es tanto como venga, sino como uno la afronte. Era verano. Quedaban cinco meses para ser europeo.

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Gonzalo Revilla

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