Volver no vale

Salir de la crisis se ha convertido en una obsesión: políticos, empresarios, trabajadores, pensionistas… todos nos asomamos al horizontes, aventuramos fechas, y esperamos que en la próxima esquina, en el siguiente mes, en algún momento no muy lejano, esos “brotes verdes” vayan dejándose ver. “Salir de la crisis”, eso queremos todos. La tentación, claro, es salir por la misma puerta por la que entramos, volver a la sociedad del pelotazo, de las burbujas, del dinero negro, del consume hasta morir, del lujo al alcance de todos. Pero deberíamos aprender de estos lodos para no levantar de nuevo aquellos polvos.

Los ciudadanos: tendríamos que saber encontrar los límites, huir de los excesos, dejar de comprar un coche cada año, una tele a cada rato, no despilfarrar lo que no tenemos, no seguir pidiendo préstamos para casi todo. Vivir así no era, no es razonable, ni siquiera nos hace más felices. Y es claramente insostenible. El consumo descontrolado nos daña como personas, daña al entorno que nos rodea, agota los recursos e hipoteca a la generaciones venideras. Si aspiramos a volver a ese modelo de sociedad es que no hemos entendido nada.

Los políticos: tampoco van a volver a ninguna parte, tendrán que construir nuevas formas de hacer política, tendrán que erradicar la corrupción del dinero y el poder, íntimamente enraizada en sus partidos y organizaciones, tendrán que escuchar a los que toman las calles, abrir espacios para la participación, recuperar los ideales de servicio público y generosidad, renunciar al cheque en blanco que presuponían sacar de las urnas. Y si no son capaces de todo esto deberán marcharse.

Los empresarios: no vale todo. El productivismo como consigna única es un cáncer para el tejido emprendedor. Las empresas deben ofrecer productos útiles, servicios. Nada de obsolescencia programada, nada de vender lo que no necesitamos, basta de dilapidar los recursos naturales para seguir haciendo caja. Hacen falta empresarios con un código ético, que renuncien al enriquecimiento ilimitado, hacen falta cooperativas, iniciativas limpias y sostenibles, nuevas formas de entender la relación del ser humano con la naturaleza y sus posibilidades.

Es, en definitiva, tarea de todos. Pero en cualquier caso: dejemos de soñar con volver atrás. Aquello se rompió, y volvería a romperse. Debemos construir, ahora, un nuevo paradigma. Y un último apunte: no olvidemos mirar al Sur. Su situación actual es fruto de nuestra avaricia, y ninguna salida es buena si no cuenta con todo el planeta.

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Gonzalo Revilla

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