…Y ellos armados hablan de paz

Como bien expresa Luis Pastor en una de sus canciones, la canción protesta nunca desapareció, pero sí es verdad que durante el tiempo de crecimiento económico dependía de una minoría latente. Ahora de pronto vuelve a resurgir con fuerzas como consecuencia del tiempo convulsionado que toca vivir. Dice una canción de esta nueva generación protesta “yo en patas y hambreado soy la violencia y ellos armados hablan de paz”.

Creo que no hay frase que resuma mejor el estado de sitio en el que vivimos los países denominados como “civilizados”, “avanzados”, “desarrollados”, “capitalistas”… Un estado donde se ha relegado a orden de excepción los derechos humanos y constitucionales. En la zona desarrollada del mundo, vivimos en una guerra desapercibida y continua disfrazada de democracia que parece que lleva ausente desde el final de la II Guerra Mundial pero que ha estado todos estos años más que presente en nuestro imaginario social, expropiándonos de nuestras capacidades, aborregandonos, adormilándonos en el tiempo con los titulares vacíos de unos derechos que de pronto están mermando hasta casi desaparecer.

Parecía que este sistema nos protegía, pero en realidad este sistema nos controlaba. Nos defiende generándonos miedos, de lo extraño, de lo distinto, del vecino y hasta de nosotros mismos. Y el miedo ahí está, servil y gratuito para quien más provecho pueda sacar de él.

¿Por qué si no aparecen de pronto unos enemigos mundiales con nombres propios que tienen en común la lucha por la trasparencia? Queda patente que existe una campaña de silenciación por parte de las primeras potencias mundiales, porque el silencio de los que saben posibilita seguir exprimiendo a los indefensos, aquellos a los que se les convirtió en masa. Y es por esto que los pueblos del sur que se revelan ante este servilismo impuesto durante tantos siglos, comienzan a resultar también peligrosos.

Puede que ese cuento que tanto nos repitieron sea solo un cuento. Un cuento para mecernos y dormirnos que dijo León Felipe. Puede y solo puede que los buenos de este globalizado mundo no sean tan buenos, cuando tanto se empeñan en que no salga a la luz la verdad. Hasta tal punto que son capaces de poner todas sus energías en espiar, controlar y esperar, parar un avión, poner en cuestión a un presidente y hacer el mayor de los ridículos mundiales.

La paz no se defiende con violencia, amenazas, miedos ni mentiras, la paz se siembra y se vive.

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Carmen Murillo

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