Y España la mejor

Cuando tenemos un acontecimiento como la Eurocopa y la selección española se juega la hazaña de ganar tres finales consecutivas de grandes torneos,
somos capaces, por una vez, de aparcar los localismos y teñir camisetas y
balcones con eso que eufemísticamente se llama “el espíritu de la roja”,
por el repelús que algunos tienen de hablar de España. Y el país se
paraliza, y nos parece raro que alguien esté haciendo otra actividad que
no sea la de ver por televisión el acontecimiento, y todo se aparca por un
momento y todo, o casi, pretende ser olvidado. Pero, ¿todo está
justificado?

Reconozco que el día del primer partido contra Italia, día en que España
era intervenida oficiosamente por Europa con el desesperante rescate
financiero, y que además coincidía con la final de Roland Garros de Nadal
con Djokovic, me sentía cordero en un corral inducido, siguiendo el
partido de forma hipnótica mientras, a nuestras espaldas, en Bruselas se
discutía un acuerdo que iba a tener mucha más repercusión sobre mi vida
que el resultado del encuentro: subida del IVA, recortes en educación,
servicios sociales o sanidad, entre otros muchos efectos sobre la (mi)
economía real.

Entiendo que el fútbol es algo más que un deporte, y que, en este momento,
todos queríamos que Grecia le hubiera ganado a Alemania y, en esa especie
de alegoría de la película “Evasión o victoria”, eligiéramos entre nuestra
propia salvación o dar la lección de humildad que necesita quien tan
prepotentemente actúa y decide sobre nosotros sin ninguna consideración,
ni más interés que el suyo propio. Pero eso no mitiga mi sensación de
desamparo. Porque si España gana ¿qué? Iremos a la fuente, sentiremos el
subidón, cantaremos España es la mejor, y… ¿después qué? La bajona se
sentirá grande porque el lunes, dos de julio, será una especie de lunes de
resaca donde nos volveremos a dar de bruces con la perseverante realidad y
pensaremos que ganar (si es que pasa) no es más que un reconocimiento
colectivo inconsciente pero inconsistente.

El espíritu crítico es algo que, tal y como está la coyuntura, es el único
que nos mantiene equilibrados mental y comunitariamente, y aunque
necesitemos algún desahogo, todo es siempre relativo. Ya advertimos ante
Portugal que aquellos a los que veíamos como “enemigos”: los Cristiano,
Pepe o Coentrao estarán en quince días haciendo equipo junto a los
Casillas, Xabi Alonso y compañía, a las órdenes de un tal Mouriño. Las
fronteras se reivindican por unos días, pero son igual de absurdas que
para todo lo demás.

Disfrutar del partido sí, vivirlo intensamente, sí, pero ya está,
cualquier otra cosa será desproporcionada, nos hará sentirnos más débiles
y más manipulables. Y la conciencia es el único lujo que nos podemos
permitir.

The following two tabs change content below.

Victor Rodríguez

Latest posts by Victor Rodríguez (see all)

You may also like...

Deja un comentario