Y otras colas

Ayer escribíamos aquí sobre esas colas que son la viva imagen de la gente que lo pasa mal y que van en aumento. Pero hay otras colas que desde hace años son interminables: las que deben guardar los inmigrantes ante la Oficina de Extranjería. Si pasan por la calle Fernando el Católico verán una fila –casi siempre supera los treinta metros- de hombres y mujeres apoyados en la pared, dando breves paseos para estirarse y demostrando una paciencia ejemplar. Cuando llueve hacen lo propio pero con paraguas, y ahora que el sol aprieta se protegen como pueden. Ya que la Oficina es nueva y su falta de personal parece ser un problema insoluble, una se pregunta si no había otro lugar en Huelva para que estas personas hicieran cola de forma un poco más cómoda. En Barcelona, por ejemplo, la cola de Extranjería está protegida por una pérgola que diseñaron afamados arquitectos. Aquí se hubiera solucionado con haberla situado justo detrás, en la Gran Vía, que tiene unos soportales muy adecuados y edificios para uso administrativo. Claro que entonces la cola se vería más, y eso si es un problema. Y al fin y al cabo, los inmigrantes no protestan.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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