Y si no pagamos, qué

El billete de autobús subirá un 22 %. El Ayuntamiento de Huelva lo ha decidido así en el último pleno. Es una medida más, supongo, de apoyo a la movilidad sostenible, al transporte público. No nos dejan respirar, a poco que uno se descuida le bajan el sueldo, le suben el autobús, el IVA o tiene que pagar más de cuatrocientos medicamentos. Como dice el eslogan de algún sindicato: quieren acabar con todo. Y es que el terrorismo financiero no entiende de sentimientos. A diferencia de otros tipos de terrorismo que te matan de golpe, este nuevo terrorismo lo va haciendo poco a poco, disfrutando regodeándose con esa lenta agonía que nos va llevando hasta el final sin solución de continuidad.

Y nuestros políticos le dan todo lo que pide. Son como esos padres consentidores, que compran el chupachup a sus hijos, esperando que queden contentos y luego siguen con el paquete de palomitas, la cocacola, y más y más y más… Siempre quieren más: congelación salarial, reforma laboral, medicamentazo, subida de impuestos… Y nada sirve. El país sigue empobreciéndose, vendiéndose al mejor postor. Un esfuerzo más y otro y otro y otro. El chantaje no para y nos dejamos chantajear.

Y habrá que poner fin a tanta criminalidad, habrá que plantarse, digo yo, y decir basta, volver a sacar nuestras manos blancas a la calle para expulsar del país, del continente, del mundo a tanto asesino disfrazado de inversor, a tanto especulador que gana dinero con tanto sufrimiento. Ya está bien y si no se paga qué, y si no se aceptan tantas condiciones leoninas, tanta falta de crecimiento, tanta injusticia económica qué. Y si damos una vuelta de tuerca a la economía qué.

Imaginemos por un momento que el dinero dado a los bancos se destina a vivienda social y los intereses especulativos a sanidad y educación, y la riqueza se grava de forma que el que más tenga más pague, y se abre el grifo de los créditos a las pequeñas y medianas empresas. Imaginemos por un momento que el Estado nacionaliza aquellas empresas que dejan beneficios, en vez de venderlas… ¡El país de las maravillas!, dirán ustedes, pero eso es imposible, ya están estos locos con sus locas utopías… Y sin embargo es posible. Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón nos lo demuestran en su libro “Esto tiene arreglo”. Ya está bien de tanto chantaje, de tanto enriquecimiento a costa de los empobrecidos. Luchemos con las armas que tenemos -la palabra y la protesta- contra el terrorismo de los mercados. Aislemos a los especuladores. Salgamos a la calle un día sí y otro también a decir que estamos vivos y hartos de tanto mangante, de tanto asesino, de tanto especulador. Que se vayan y nos dejen vivir en paz.

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Dimas Haba

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