Yo duermo tranquilo

Me contaron de una de esas personas, de las que se tiene presunción de haber robado desde su cargo, que se ufanaba de que dormía tranquilo. Estaba diciendo que no le remordía la conciencia, a pesar de no estar clara su honestidad. Pocas horas después, me entregaban la carta que un niño había escrito: “Un día a la tarde, mi hermana y yo decidimos entregar nuestros juguetes a los niños que no tenían juguetes. Cuando llegaron a casa mis padres se alegraron mucho. Esa noche dormimos muy contentos” El hombre adulto, curtido por los negocios presuntamente no éticos, y el niño inocente, que dio sus juguetes, afirman que duermen tranquilos ¿Será que están hablando de cosas diferentes? Porque de uno sale infelicidad. Del otro sale solidaridad. Y ambas cosas no son lo mismo. Va llegando la hora de llamar las cosas por su nombre. A menos que se tenga encallada la conciencia, cuando alguien roba siente remordimientos. No duerme tranquilo. Sin embargo el que se da a los demás, el solidario, siente dentro de su corazón una alegría que es un tesoro. Por eso tendríamos que preguntarnos hoy: ¿cómo dormimos? Tal vez nos diga cómo somos.

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Dimas Haba

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